Por Diddier Felipe Vázquez Méndez, Ex Jefe Policíaco

El Mando Único, como modelo para garantizar la seguridad pública en Quintana Roo, ha resultado un rotundo fracaso, porque se realizó sin sustentarlo en bases sólidas, con un esquema en que se transitará de las formas existentes de seguridad al modelo impuesto de manera dictatorial en muchos de los Municipios, sin pasar por la etapa del convencimiento del por qué la necesidad de este cambio que dio como resultado el aumento de la violencia, la estrategia es inexistente generando incluso conflictos políticos ante la oposición de algunos Presidentes Municipales, quienes se vieron presionados a aceptar el Mando Único.

Con el establecimiento del Mando Único Policial ha habido violaciones a derechos humanos de la población y de los elementos policiacos que integran lo que se ha denominado Policía Quintana Roo, en la cual se advierte falta de motivación y de sentido de pertenencia, esto debido a que sus mandos no han logrado demostrar su compromiso ni con la Sociedad de Quintana Roo ni con la propia corporación policiaca.

Con el Mando Único, los resultados no han mejorado, por lo contrario el Estado arroja altos índices de inseguridad, inclusive municipios donde los índices delincuenciales no eran tan elevados, sufren en la actualidad ya no solo del delito catalogado como del fuero común, sino se ha sentido con fuerza la presencia del crimen organizado.

Sin duda que la imposición del Mando Único Policial en Quintana Roo, no ha resultado en una mayor certeza de vivir en un Estado donde se pueda garantizar la seguridad de las personas y de sus bienes.

Actualmente la crisis generada por el COVID-19 ha sido utilizada por quien encabeza la Secretaria de Seguridad Pública en nuestro Estado para desviarse de la función principal de la Secretaría que representa, y ha tomado actitudes y acciones que le corresponderían al sector salud y eso ha permitido que los delitos se hayan disparado, independientemente del flujo de personas en las ciudades del Estado, este es sin duda menor a la que se daba hasta antes de la aparición de COVID-19, lo que debiera servir para poder tener acciones más eficaces y con resultados positivos.

Resulta muy desolador el panorama una vez que las actividades se empiecen a normalizar, ya que será complicado, por los empleos que se puedan perder, así como de las nuevas circunstancias de convivencia social.

Se necesita que la seguridad del Estado se tome con seriedad y compromiso, y no se piense que la seguridad se solucionara a base de videos musicales, y de publicaciones mediáticas en las redes sociales, los quintanarroenses merecen seguridad y no payasadas.

Es momento que nuestro Congreso haga que se rindan cuentas claras, que los Presidentes Municipales en conjunto con los integrantes de sus cabildos, exijan acciones mas contundentes en materia de seguridad y que la propia función pública haga lo propio, analizando que los recursos asignados a la Secretaria de Seguridad Pública del Estado esten siendo empleados de manera correcta.

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