Por Abimael Chigo Temích
El policía detuvo sus pasos a unos metros de un hombre, lo miró con desaire, con el poder que da el uniforme, con la fuerza que dan los ganchos colgados en la fornitura, y le soltó “ y tú qué”, el otro respondió, levantada la frente “que de qué, oficial, para empezar, buenas noches, “Raúl a sus órdenes” el gendarme suavizó sus palabras. El diálogo ocurrió una noche de abril en la playa 88.
“No puede estar aquí, tiene que retirarse” continuó el policía, aún dueño de una situación, que debiera ser cotidiana, pero que resultan en amedrentamientos ante indefensos ciudadanos, que buscan la quietud del mar después del trabajo, ¿porqué no puedo? preguntó el hombre.
“Simplemente te tienes que retirar porque yo te lo estoy diciendo” reviró el policía, -pues mire oficial, no me iré, porque es mi derecho estar en este lugar- miró el relój, mas allá de las 00:01 horas.

El diálogo subió de tono, “te tienes que retirar, de hecho, los estamos retirando a todos” continuó el hombre con la mano en el radio, en efecto, segundos antes cuatro elementos subieron la torre y con lujo de fuerza, esculcaron a una pareja, bajaron, no hallaron nada.
“Es por la inseguridad, por eso se tienen que retirar, nos han reportado muchos incidentes” -le agradezco la recomendación, y me quedare bajo mi riesgo- volvió a decir el hombre que ya notaba signos de nerviosismo, no era recomendación, era hostigamiento.
Una mujer, compañera del policía, se acercó y le susurró “ya se lo recomendamos si no se quieren ir, déjalos”, los otros subieron a un vehículo Racer y se marcharon hacia Punta Esmeralda, los otros volvieron hacia la 88, abordaron su unidad y se fueron.

Así, sin insultos y con argumentos válidos el ciudadano, defendió un derecho inalienable, sin violencia y sin amenazas de más, el policía los dio por válidos, es la cultura de defender el derecho, y también el deber.
- La anécdota la contó Raúl después, pero la mejor opinión, la tiene como siempre, usted amable lector.






