Los eventos ocurridos el pasado 20 de abril en la Zona Arqueológica de Teotihuacán continúan bajo investigación tras revelarse nuevos detalles sobre el agresor. Videos captados por turistas durante el ataque en la Pirámide de la Luna han permitido a las autoridades analizar las amenazas lanzadas por Julio César Jasso Ramírez, de 27 años, momentos antes de privarse de la vida.

- Perfil y hallazgos en la escena
El Fiscal General del Estado de México, José Luis Cervantes Martínez, confirmó que el ataque fue un acto individual y planificado. Entre las pertenencias de Jasso Ramírez se aseguró una mochila que contenía un arma calibre .38 especial, 52 cartuchos útiles, boletos de autobús y un teléfono móvil.
Destaca el hallazgo de material escrito y literatura alusiva a la masacre de Columbine (1999). Según la Fiscalía, estos elementos sugieren un patrón de imitación de ataques masivos previos, lo que coloca la “violencia performativa” como una de las principales líneas de investigación.
Lo que se sabe sobre Julio César Jasso Ramírez y los sucesos en la zona arqueológica pic.twitter.com/VXq4jkxeLk
— Playaaldia (@playaaldia) April 21, 2026
- Ideología y simbología
Pese a que las autoridades inicialmente atribuyeron el acto a un padecimiento psiquiátrico, diversos indicios apuntan a una motivación de odio. Se confirmó que Jasso Ramírez simpatizaba con la ideología nazi y solía compartir imágenes realizando el saludo fascista.
Al momento del ataque, vestía una playera con la leyenda “Disconnect & Self-Destruct” (Desconectarse y autodestruirse), frase vinculada a la comunidad digital conocida como True Crime Community (TCC). Expertos advierten que este tipo de “violencia nihilista” suele presentarse en crímenes donde el atacante busca notoriedad a través de actos violentos aleatorios contra multitudes.


- Impacto y seguridad
Debido a que todas las víctimas fueron de origen extranjero, el incidente ha provocado una reacción internacional inmediata. Teotihuacán, al ser uno de los destinos más emblemáticos de México, se encuentra bajo un esquema reforzado de seguridad por parte de autoridades federales y locales.
El caso ha reabierto el debate nacional sobre la efectividad de los protocolos de vigilancia en zonas turísticas de alta afluencia y la necesidad de prevenir incidentes de violencia extrema en sitios considerados patrimonio cultural.






