El acelerado crecimiento inmobiliario en el municipio de Playa del Carmen ha vuelto a encender las alarmas entre la comunidad y colectivos ambientales. En esta ocasión, una deforestación a gran escala se registra sobre la Avenida Constituyentes, específicamente en el tramo ubicado a la altura del fraccionamiento Palmas I, entre la tienda Chedraui de Misión de las Flores y el Hospital General. La remoción masiva de vegetación nativa y árboles de gran tamaño ha generado una profunda preocupación por el impacto irreversible en el entorno ecológico local.


El desmonte del terreno responde a los trabajos de preparación para un nuevo complejo residencial de alta densidad denominado Acora. De acuerdo con denuncias ciudadanas respaldadas por registros fotográficos y videográficos, las maquinarias pesadas han arrasado con decenas de ejemplares arbóreos que funcionaban como una barrera natural y reguladora del clima en una de las zonas con mayor tráfico vehicular de la ciudad.
Activistas locales señalan que el proyecto Acora no es un hecho aislado, sino que forma parte de una tendencia alarmante que ya suma más de seis desarrollos de gran escala con características similares en distintas zonas de Playa del Carmen. La ciudadanía cuestiona severamente la frecuencia con la que las empresas constructoras replican este patrón: desmonte total, tala rasa y edificación, sin que las autoridades correspondientes transparenten si se evaluaron alternativas de menor impacto ambiental o si se respetaron los polígonos de conservación obligatorios.


El crecimiento poblacional y económico de Playa del Carmen, impulsado por su atractivo global, es una realidad innegable; sin embargo, los habitantes ponen sobre la mesa una discusión urgente sobre los límites de este modelo de urbanización. La eliminación sistemática de la cobertura forestal no solo despoja a la ciudad de sus zonas de sombra, sino que agrava el efecto de isla de calor urbano, desplaza a la fauna local y debilita la resiliencia del suelo frente a fenómenos hidrometeorológicos, una condición crítica dada la naturaleza geológica kárstica de la península de Yucatán.
Ciudadanía exige desarrollo sustentable y freno a la devastación
Frente a este escenario, comités vecinales y defensores del medio ambiente han lanzado un enérgico llamado a las dependencias de desarrollo urbano y ecología, tanto municipales como estatales, para detener las obras y replantear los criterios de autorización de las licencias de construcción.


Los portavoces de las manifestaciones aclaran que el movimiento no busca frenar la inversión económica ni el progreso de la Riviera Maya, sino exigir que el crecimiento urbano se apegue a lineamientos estrictos de sustentabilidad. La comunidad demanda que se priorice la edificación en predios con menor valor ecológico, se integre la infraestructura verde preexistente en los diseños arquitectónicos y se protejan los ecosistemas que sostienen el equilibrio ambiental de la región. Ante un recurso natural finito, la ciudadanía advierte que los pulmones verdes perdidos en Playa del Carmen no se recuperarán, dejando la disyuntiva de si se está planificando el futuro de la ciudad o destruyendo el entorno que la sostiene.
