Cada 25 de mes, el mundo se tiñe de naranja no como una festividad, sino como un recordatorio urgente de una deuda histórica con la sociedad. El “Día Naranja”, instaurado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), es una jornada de activismo continuo diseñada para visibilizar, prevenir y erradicar de forma definitiva la violencia contra las mujeres y las niñas. A través de este movimiento mensual, se busca romper la inercia institucional y social, recordando que la seguridad y la equidad de género son prioridades que exigen acciones contundentes los 365 días del año, y no solo en efemérides anuales.

- El origen: El sacrificio de las hermanas Mirabal
La raíz de este movimiento se remonta al 25 de noviembre de 1960, fecha en que las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal fueron asesinadas en la República Dominicana. Conocidas como “Las Mariposas”, las tres mujeres eran activistas políticas que se opusieron firmemente a la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo. Su brutal asesinato se convirtió en un símbolo de la lucha y la resistencia femenina en América Latina.
En 1999, la Asamblea General de la ONU asumió oficialmente la fecha y declaró el 25 de noviembre como el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

- De un día anual a una campaña de 365 días
Para evitar que la concienciación sobre la violencia de género se limitara a una sola fecha en el calendario, la ONU lanzó en 2008 la campaña “ÚNETE para poner fin a la violencia contra las mujeres”. Fue en el marco de esta estrategia que se dictaminó el 25 de cada mes como el “Día Naranja”.
La elección de este color no es casual: la ONU lo designó como un símbolo de un futuro brillante, optimista y libre de violencia para la población femenina del planeta.
- El panorama actual: Cifras que exigen acción
La pertinencia del Día Naranja se mantiene vigente ante las cifras de violencia que persisten en el país. De acuerdo con los informes del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) recopilados tras el cierre del año anterior, México registró un total de 725 víctimas de feminicidio.

Si bien los indicadores oficiales muestran una tendencia a la baja en el promedio diario de muertes violentas de mujeres (pasando de 10.54 víctimas diarias en 2019 a un promedio de 7.66 en los últimos registros consolidados), colectivos como el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF) advierten que el panorama sigue siendo crítico. Las organizaciones señalan que solo entre el 25% y el 27% de los asesinatos de mujeres logran ser inicialmente investigados bajo la perspectiva de género por las fiscalías estatales.
A nivel nacional, datos históricos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) confirman que la violencia psicológica lidera los reportes de prevalencia con un 51.6%, seguida muy de cerca por la violencia sexual, que afecta al 49.7% de las mujeres a lo largo de su vida en los entornos urbanos y rurales.
La jornada mensual del 25 invita a los gobiernos a evaluar de forma rigurosa sus políticas públicas, a las empresas a auditar sus entornos laborales para erradicar el acoso, y a la sociedad civil a desnaturalizar los micromachismos en la vida cotidiana.






