Cada 11 de septiembre, la memoria histórica de América Latina se concentra en el Palacio de La Moneda. Un día como hoy, pero de 1973, se truncó de forma violenta la llamada “vía chilena al socialismo” con la muerte del presidente Salvador Allende Gossens en medio de un cruento golpe de Estado. El suceso dio paso a una de las dictaduras más represivas del Cono Sur, cuyas ramificaciones y debates ideológicos continúan resonando con fuerza en la política chilena de la actualidad.

La intervención internacional y el quiebre de la democracia
Las investigaciones históricas, alimentadas por la desclasificación de archivos oficiales a lo largo de las décadas, coinciden en la profunda injerencia extranjera en el derrocamiento del gobierno de la Unidad Popular. Las directrices emanadas desde la Casa Blanca por el entonces presidente estadounidense Richard Nixon y su secretario de Estado, Henry Kissinger, jugaron un rol clave en el asfixiamiento económico y el posterior respaldo a la sublevación militar.
Aquel martes de septiembre, las Fuerzas Armadas chilenas, integradas por la Marina y el Ejército, ejecutaron una ofensiva coordinada que incluyó el inédito y feroz bombardeo aéreo contra el Palacio Presidencial de La Moneda. Mientras el fuego consumía los salones de la sede de gobierno, Allende pronunciaba a través de la Radio Magallanes sus célebres últimas palabras antes de morir:




“Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”.
La caída del mandatario socialista civil consolidó el ascenso al poder del general Augusto Pinochet Ugarte, apoyado firmemente por sectores de la oligarquía y la derecha económica de la época. Este quiebre constitucional desencadenó una prolongada etapa de represión sistémica, torturas y desapariciones forzadas que, de acuerdo con los registros de las comisiones oficiales de verdad y reconciliación chilenas (como las comisiones Rettig y Valech), dejaron decenas de miles de víctimas directas.
El escenario actual: Entre el pinochetismo y las nuevas corrientes
A más de cinco décadas de aquellos acontecimientos, el clima sociopolítico chileno experimenta profundas polarizaciones y giros en su conducción. Desde marzo de este año, la administración federal en La Moneda es liderada por el abogado derechista José Antonio Kast Rist.




Kast, fundador del Partido Republicano, ha alcanzado la presidencia tras un periodo de fuerte debate en torno a los liderazgos tradicionales del país. El actual mandatario, de ascendencia alemana, ha enfrentado de manera constante severas críticas por parte de los sectores de la izquierda y el progresismo, quienes frecuentemente denuncian sus posturas ideológicas conservadoras y sus afinidades históricas con el espectro pinochetista.
Para amplias facciones de los movimientos sociales, el panorama político actual plantea interrogantes fundamentales sobre el cumplimiento de aquellas promesas de “hombres y mujeres libres” formuladas por Allende en su despedida. Mientras el actual Ejecutivo orienta su agenda gubernamental hacia la seguridad institucional y la reestructuración económica, diversos colectivos ciudadanos apuestan a un despertar de las fuerzas populares para disputar los rumbos democráticos de la nación chilena.